sábado, 21 de mayo de 2011

EL DELPHOS DE FORTUNY

La historia de la creación de este vestido tiene su origen en el interés de Mariano Fortuny por el arte griego. Se sabe que tras visitar Grecia en 1906, en compañía de la que luego sería su esposa, Henriette Nigrin, instaló en su residencia veneciana del palacio Orfei un pequeño taller destinado a la estampación de telas, con el ánimo de reproducir ciertos diseños extraídos tanto de antiguos fragmentos de textiles griegos, como de algunas piezas de cerámica cretense de los estilos Camarés y Naturalista.
Este vestido es una especie túnica plisada que imita en su forma al chitón jónico, un tipo de vestimenta griega. En algunos modelos se acompaña de una sobretúnica corta, igualmente plisada, y con el borde inferior rematado en cuentas de cristal de murano, que se puede considerar una “reversión” del tradicional manto (llamado “himation”) usado por las antiguas damas griegas sobre las túnicas. El conjunto es completado con una cinta a modo de cinturón, elaborada en raso de seda, estampada mediante serigrafía y adornada (generalmente) con un diseño vegetal de inspiración oriental.
Los Delphos son mas que un vestido, es la liberación, después de siglos de vestidos encorsetados que esconden el cuerpo, son una nueva forma de entender la vida. Es el mejor exponente de la revolución femenina que tiene lugar en el siglo XX. la túnica se adapta al cuerpo, marca las formas, esta hecho para llevarse sin ropa interior.
Lo más característico es el plisado. Sabemos por la patente que la técnica se realizaba en mojado y el aparto que utiliza, pero algún secreto se guardo Fortuny ya que no se han podido reproducir sus plisados
Otro aspecto importante en él, es el color: los pliegues cambian de color segun el movimiento y el reflejo de la luz, resultando un efecto de gran belleza. Fortuny, como todo buen pintor, amaba el color y, tanto en sus telas estampadas como en sus vestidos, supo plasmar aquello magistralmente. La sorprendente gama cromática de los Delphos (naranjos, rojos cochinilla, azules índigos, rosas, verdes esmeraldas, blancos marfileños, violetas) de matices cambiantes a la luz, se debe a los tintes utilizados por Fortuny en su fabricación. Todos ellos naturales, de origen mineral u orgánico, fueron elaborados mediante fórmulas secretas extraídas de antiguos manuales y tratados sobre el arte de la tintorería, así como de viejas recetas que le fueron confiadas por ancianos artesanos de la región del Véneto. Fortuny nunca reveló estas fórmulas y de ello se alimenta la leyenda del artista, según la cual, al día siguiente de su muerte, su viuda Henriette arrojó a las aguas de los canales de Venecia los colores elaborados por su marido, para que nadie pudiera imitarlos. Algo que, de ser verdad, consiguió realmente, porque a pesar de los numerosos análisis que se han efectuado de los tejidos, todavía no ha sido posible encontrar la fórmula de estos colores, por lo que la reproducción perfecta de los mismos no es posible hasta el día de hoy.

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